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| Ballet verde olivo |
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El 3 de febrero de 1959, Alicia Alonso y las huestes del hoy Ballet Nacional de Cuba reaparecieron ante el público cubano en una función especial en honor del Ejército Rebelde y del Gobierno Revolucionario, celebrada en el antiguo teatro Blanquita, hoy Karl Marx. Quedaban atrás dos años y medio de injusto alejamiento escénico, motivado por la agresión de la tiranía batistiana, que en 1956 lo privó de la escasa ayuda que recibía del Estado desde 1950, por no plegarse a los dictados de convertirlo en uno de sus agentes propagandísticos. De todos es conocida la radical postura de la insigne bailarina, quien en carta pública rechazó de plano la maniobra, realizó una gira de protesta a lo largo de la isla, para finalmente cesar sus actuaciones en el país mientras se siguiese derramando la sangre de sus compatriotas. Pero la Alonso no perdió nunca su certera visión del futuro y en ese momento crucial de la historia proclamó sin vacilación: "Sé que el Ballet no morirá, porque lo dejo en las manos del pueblo cubano". Consecuente con ese credo, mantuvo junto a Fernando Alonso encendida la llama de ese arte en el quehacer de la Academia de Ballet que llevaba su nombre y propició el desarrollo de los más promisorios talentos, transmitiéndoles su rico legado y llevándolos con ella a importantes presentaciones en el extranjero. A su regreso a Cuba en los primeros días de enero, luego de cumplimentar sus compromisos en los Estados Unidos como máxima estrella del Ballet Ruso de Montecarlo, Alicia suscribió la Declaración Pública en Apoyo a la Revolución y junto a sus más cercanos colaboradores se dio a la tarea de reunir a sus compañeros del Ballet de Cuba y ponerlos en función de los grandes proyectos culturales de la triunfante Revolución. En aquella memorable reaparición ante el público cubano ella interpretó uno de sus grandes éxitos mundiales, el pas de deux El cisne negro, junto a Igor Youskevitch, su célebre partenaire durante más de una década; y el resto del elenco Las sílfides, de Fokine; y Cuatro fugas, de Alberto Alonso, donde mostraron su talento jóvenes figuras, luego tan trascendentes como Mirta Pla, Josefina Méndez, Loipa Araújo, Aurora Bosch y Ramona y Margarita de Sáa. Dos muy cercanos compañeros de brega en los tiempos difíciles, ambos combatientes del Ejército Rebelde, el comandante Julio Martínez Páez y el capitán Antonio Núñez Jiménez compartieron esa noche tan particular homenaje. El día 15 de ese propio mes de febrero y en el mismo escenario se repetiría el programa, esta vez con la presencia del máximo líder de la Revolución, el Comandante Fidel Castro, quien poco tiempo después firmaría la Ley 812 del Gobierno Revolucionario, que garantizó definitivamente el futuro del Ballet Nacional de Cuba. Los tributos a los heroicos combatientes y a los encargados del nuevo gobierno de la nación, incluyeron también una función en el Polígono de Ciudad Libertad, el 9 de abril; y a mediados de junio otra multitudinaria en Santiago de Cuba, para el Ejército de Oriente. Una pléyade de nuevos valores de la Escuela Cubana de Ballet tendrá hoy a su cargo la interpretación del programa conmemorativo de aquella histórica gala. Aclamado en 60 países de los 5 continentes medio siglo después el Ballet Nacional de Cuba siente el honor de haber cumplido el compromiso que dejó escrito en los programas de aquellas funciones posteriores al Primero de Enero de 1959, en que bajo el título de Recuento y Afirmación postuló: "Nos comprometemos a organizarnos y superarnos con más ahínco que nunca, para llevar a nuestro pueblo lo mejor de nuestro arte y ganar para nuestra Patria un puesto entre los países cultos del mundo y un lugar en la escala de los valores artísticos universales". Así ha sido, para orgullo de todos los cubanos. |











