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| Fernando Alonso |
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Uno de los bailarines cubanos más importantes del mundo y toda una leyenda de la danza clásica, nació el 27 de diciembre de 1914 en La Habana. Su padre, Matías Alonso, era contador; la madre, Laura Rayneri, una importante concertista que dormía a sus hijos tocándoles el piano. Ambos imaginaron una carrera diferente para Fernando Alonso, que llegó a recibir clases de violín, pero “la inteligencia se me fue para los pies. Y eso fue lo mejor que me pasó” Se inició en el mundo de la danza en 1936, como alumno de la Escuela de Ballet de la Sociedad Pro-Arte Musical de La Habana, y continuó su formación técnica y artística en los Estados Unidos de América a partir de 1937 bajo la guía de eminentes profesores, entre ellos el italiano Enrico Zanfretta y los rusos Alexandra Fedorova, Anatole Vilzak, Fierre Vladimirov y León Fokín. Su llegada al mundo de la danza, él mismo la explica así: “Regresaba de estudiar en el exterior cuando vi a mi hermano Alberto en la Sociedad Pro Arte Musical, donde tomaba clases. Bailaba Coppelia con Alicia Alonso, por entonces Alicia Martínez del Hoyo. Era tan elegante y varonil que pensé: “Me encantaría bailar eso”. Alberto había sido contratado por el Ballet Ruso de Montecarlo y salió para París, y de allí a Cannes, a sumarse a la compañía. La idea de bailar y además viajar, conocer el mundo, me pareció formidable. También me gustaba mucho el ejercicio y me di cuenta de que el ballet combinaba lo musical con la fuerza física. El entrenamiento que tenía me facilitó aprender a bailar. En 1938 integró los elencos del Ballet Mordkin y de varias comedias musicales llevadas a la escena de Broadway. En 1939 formó parte del American Ballet Caravan y un año más tarde se unió a las filas del recién fundado Ballet Theatre de Nueva York, donde alcanzó el rango de solista y se mantuvo hasta 1948, fecha en que junto a Alicia Alonso y Alberto Alonso, se dio a la tarea histórica de fundar el hoy Ballet Nacional de Cuba, cuya dirección general asumió durante veintisiete años. En 1950, luego de limitar su carrera como bailarín para dedicarse básicamente al trabajo de dirección en la Compañía y la Academia de Ballet Alicia Alonso, fundada ese mismo año, Fernando Alonso dio comienzo a su labor más trascendente: pedagogo de la danza. En la Academia, institución encargada de formar las primeras generaciones de bailarines cubanos profesionales, iniciaría junto a Alicia un serio trabajo de investigación encaminado a lograr un método de enseñanza propio que con el paso de los años ha culminado en la escuela cubana de ballet, hoy mundialmente reconocida. Aunque lo niega con su modestia de artista, el bailarín -de 94 años- uno de los bailarines cubanos más importantes del mundo y toda una leyenda de la danza clásica. Él lo niega, pero a su edad aún vive y respira ballet. "Para mí la danza es como una bacteria muy contagiosa y, lo peor, es que no existe antibiótico. Te atrapa y no puedes escapar de ella", dice. Está en Bogotá por la presentación del Ballet Cubano de Camagüey y por los talleres de danza que se dictarán en la Escuela de Ballet Clásico Carlota Grisi. "Siempre voy a viajar al lugar donde me necesiten y pueda ayudar a que se desarrolle más el ballet", dice. Rayneri recuerda la noche en que su compañía se presentó en Mongolia y nadie aplaudió. En una ciudad a 58 grados bajo cero, él y los demás artistas esperaban nerviosos a que la gente, una vez terminada la presentación, los ovacionara. De repente, se empezó a multiplicar en el auditorio un ruido que los asistentes hacían con la boca. "Un rato después, cuando pensamos que la obra había sido un fracaso, alguien nos dijo que en ese lugar no se aplaudía con las manos", cuenta Alonso, que aprendió que el sonido era la ovación de los asistentes a la gala. Luego de 70 años sobre el escenario, los capítulos como ese y de los millones de aplausos que sí ha recibido desde México hasta Bulgaria, no lo han dejado retirarse de su expresión artística. En esas travesías, confiesa que ha visto ballet bueno y ballet malo, pero siempre ha estado abierto a nuevas propuestas en el escenario y, sobre todo, a promover esa expresión artística en medio de la competencia de la tecnología, el cine y la televisión. 'El ballet me lo ha dado todo' "Hay que ir enseñando, mostrando y bailando mucho, para que la gente la comprenda y la asuma como una expresión artística, que en este momento se enriquece más y es más técnica y variada. Tenemos que cultivar un público, porque sin él no hay ballet". Pero mientras sigue en esa campaña, Alonso reconoce que hay momentos en los que no vive ni respira por la danza. "Cosa difícil, pero me encanta la espeleología, meterme bajo tierra y descubrir cavernas, estalactitas, ríos... También me gusta leer, sobre el cuerpo humano, los músculos y todos los mecanismos que están relacionados con la vida del bailarín". Aunque es considerado por muchos como una leyenda viviente en su disciplina artística, él trata de escapar a los elogios diciendo que no le importa tanto la fama. "Eso no me desvela. Pero si volviera a nacer lo haría de nuevo, porque el ballet clásico me lo ha dado todo en la vida, el aplauso de un público emocionado y ver cómo crece un bailarín todos los días es algo que no se puede superar", concluye el maestro. Fernando Alonso: la inteligencia en los pies Ha sido profesor en numerosas compañías y fundador, con su hermano Alberto y la excepcional Alicia Alonso, de la escuela cubana de ballet. Pero antes fue gimnasta, secretario y radiólogo. Otra de sus vocaciones, la de explorador: es fundador de la Sociedad Espeleológica de Cuba. Todos los bailarines a quienes enseñó subrayan en él esa sabia cualidad del maestro que va más allá de la técnica: formar el espíritu de sus discípulos. ¿Cuéntenos de su experiencia en Estados Unidos? ¿Y Alicia Alonso? Lo demás es historia ¿Cuándo y cómo surgió la idea de fundar una academia cubana de ballet? Primero hicimos la compañía, con muchos bailarines extranjeros que se iban al concluir los contratos. Decidimos fundar una escuela donde los cubanos pudieran aprender el estilo, esencialmente el de Alicia, a quien llamaban el milagro. Debíamos tener muchos milagros, bailarinas de la escuela cubana, pero con sus propias características, algo que logramos con Aurora Bosch, Mirta Plá, Josefina Méndez y Loipa Araújo. Después usted dejó el Ballet Nacional y se fue al de Camagüey. ¿Por qué? ¿Qué ocurrió entonces en el plano sentimental? ¿Cuál ha sido el momento más triste de su vida? ¿Y el más feliz? ¿Cómo se ve la vida a los 90 años? Ha impartido clases y dirigido ensayos en la Ópera de París, El Ballet Royal de Walonie, en el Ballet Siglo XX de Maurice Bejart, así como en Bulgaria, Moscú, Leningrado, Argentina, Brasil, México, Uruguay, Venezuela, Colombia, Perú, China, por solo mencionar algunos de los 58 países visitados por él, muchos de ellos en más de una ocasión. Participa como jurado de los más importantes Festivales de Ballet. Es fundador de la Sociedad Espeleológica de Cuba, es miembro del Consejo Internacional de la Danza de la UNESCO. Ha sido reconocido: Doctor Honoris Causa del Instituto Superior de Arte de Cuba y de la Universidad Autónoma de Nuevo León, México, Orden al Mérito de Grecia Premio de la Danza, de la Universidad Autónoma de Nuevo León; ha recibido la Distinción Raúl Gómez García, la Giraldilla de La Habana, el Escudo de la ciudad de Camagüey y la Orden Frank País de Segundo Grado. www.cubarte.cult.cu Premios Otorgados 2001 Premio Nacional de Enseñanza Artística |











