LO MEJOR
Martes 24 de Febrero de 2009 08:51    Imprimir Correo electrónico
Álvaro Maldonado
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Para Álvaro Maldonado no hay barrera que no se pueda vencer, siempre que haya estudio, responsabilidad y disciplina. Él ha entregado todo su talento y energía a la danza.

A sus 25 años de edad, es director de su propia compañía, The International Ballet Theatre (IBT), con la cual, además de mostrar su arte, impulsa a jóvenes a utilizar las manifestaciones artísticas como medio de expresión y para canalizar sus energías.

¿Cuáles fueron sus inicios en la danza?

Cuando tenía 8 años vi un ballet ruso, y desde que se abrió el telón dije que eso quería hacer. Luego entré en la Escuela Nacional de Danza, y a la edad de 12 años empecé a trabajar con Francisco Castillo, un maestro de danza contemporánea muy importante en El Salvador. A los 15 me contrató una compañía para que hiciera una gira por Estados Unidos, y cuando nos presentamos en el Teatro Kennedy me vieron bailar Plácido Domingo y Mary Day, directora del Washington Ballet, quienes me ofrecieron una beca en su compañía y me contrataron para trabajar en el Washington Opera. Gané una beca en una de las escuelas de danza contemporánea más grandes del mundo, en Nueva York, donde solo admiten a 10 estudiantes por año. Además tomé cursos en Julliard y bailé con agrupaciones en Europa y América, hasta que formé mi compañía. Sin embargo, me gusta resaltar que mis inicios fueron en El Salvador, un país pequeño, que aunque no tiene mucho apogeo en la danza, tuve la técnica para competir y me fue bien.

¿Cuál es la clave del éxito?

Lo primero es la educación. María Callas decía: “La mayor discapacidad de un artista es la falta de educación”. En el mundo hay muchas personas a las que les gusta el arte, pero les fastidia educarse; pero yo no conozco a ningún artista que sea extraordinario y que no haya pasado por un proceso de educación y disciplina increíble. Muchos dicen que las oportunidades son suerte, pero yo creo que la suerte es una combinación de una oportunidad que se encuentra con entrenamiento, conocimiento y educación. Además, hay que ser responsable para abrir miles de puertas y aprender de todo el mundo.

Existe el paradigma de que es difícil que los centroamericanos sobresalgan en arte. ¿Qué opina de eso?

En parte es cierto, porque no tenemos la infraestructura de Broadway o París. Pero excusas se pueden tener cuando un trabajo no está bien. He visto producciones de calidad en Centroamérica, he participado en buenos montajes; lo que falta es la educación del público, para que apoye esas producciones. El artista es un producto del público, no hay un artista que se haga solo. Por otro lado, los paradigmas son ciertos porque es difícil empujar a la gente a que asista a los teatros cuando hay otras necesidades básicas y el arte no es prioridad.

¿Cuáles son las tendencias a nivel mundial de la danza?

Todos estamos en las mismas, tratando de conservar lo clásico, por la pasión y el amor que uno le toma cuando lo está aprendiendo. Es increíble lo que se llega a sentir por él, y uno no se puede despegar de eso. Sin embargo, tenemos que aceptar que lo clásico no es contemporáneo, y que es muy difícil inculcar en el público algo tan antiguo que no tiene nada que ver con su vida. Lo único que podemos hacer es presentar cosas clásicas, pero bien hechas; tratar de modernizarlas un poquito sin que dejen de ser clásicas. La otra tendencia es lo nuevo, la danza contemporánea, el Graham, Limón, Horton y la danza del aire; y en los jóvenes, el rap, el hip hop, la bachata, todo tipo de movimiento del cuerpo que, si en lo más profundo te provoca una emoción, sea buena o mala, y te llega al corazón, puede se tomado como arte, y eso es lo que llama la atención.

Su compañía tiene un programa de alcance social que ofrece talleres a jóvenes en riesgo. ¿Cómo surgió ese programa?

Yo soy producto de uno de estos programas de alcance social. Mi viaje a Estados Unidos fue por medio de un proyecto apoyado por Hivos y el BID. Por eso es muy gratificante para mí apoyar este tipo de actividades. Damos pequeños talleres de danza contemporánea, alimentación y expresión corporal a grupos de jóvenes en riesgo de caer en algún vicio, con el fin de influenciarlos y enseñarles a canalizar sus energías por medio de alguna expresión artística. Soy artista y bailarín porque quiero influenciar a alguien, porque tengo la capacidad de expresar algo y de convocar. Así que, aunque sea una persona en el taller que se interese en aprender algún arte, yo me siento satisfecho.

 

Por Lucía Herrera



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