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“Mi meta es siempre empezar de cero” Texto: Manuel Moraga Reñido con la rutina, Israel Galván es una máquina de procesar ideas. Enemigo de los archivos recurrentes, dirige su energía al desarrollo de conceptos. La materia prima es el flamenco, pero su bisturí intelectual disecciona su esencia. Desciende a los átomos de lo jondo para elaborar con ellos una personalísima sintaxis. Su personaje escénico tiene la inexpresividad de Buster Keaton y la plasticidad de las figuras de Picasso. Haciendo un paralelismo con el cine ¿Lo que haces es baile “de autor”? A mí me gusta mucho el cine. No intento crear una clase de baile o una evolución. Yo soy como soy, como siempre he sido. Son las personas las que sin darse cuenta le van buscando situaciones a mi baile, pero yo soy el mismo desde que empecé. En cualquier caso, como a mí me encanta el cine de autor, es un elogio ese comentario Siguiendo con los paralelismos, la creatividad de Adriá se basa mucho en la deconstrucción de los platos tradicionales y en establecer puentes entre conceptos aparentemente opuestos ¿tu trabajo va por ahí? Yo creo que se le puede sacar mucho partido a lo jondo, al baile flamenco. Hay conceptos que no se han usado y que yo intento buscar para sentirme yo cómodo. Y sí, me gusta la cirugía: coger la parte de cuando el bailaor le baila las letras a la voz y profundizar sobre eso. E igual en el momento del zapateado: profundizar sobre eso, no hacer un baile tradicional, que están muy bien. Hago una pequeña cirugía con lo que son todas las partes de un baile. “Lo simple es lo más difícil” Por ejemplo, en “La Edad de Oro” no te andas con preámbulos, sino que vas directamente a atacar el cante o la guitarra. Es que lo veo directo. Creo que una soleá se puede hacer perfectamente en un minuto. En un minuto puedes hacer una soleá que verdaderamente te llene como si fueran veinte minutos. Uno de los conceptos que tiene “La Edad de Oro” es ese. Fabricas sensaciones diferentes. El público que acude a tus espectáculos experimenta sensaciones que no son las habituales en el baile flamenco. Si, lo noto. La verdad es que no soy muy consciente, pero es cierto. Lo que sí me gusta crear, cuando monto los bailes, son distintos climas y cuando finalizo una cosa cambio directamente a otra. Quizá no le doy tiempo al público de asimilar un cierre. Es posible que cuando el espectador está viendo el siguiente paso está pensando todavía en el otro que ha visto antes. Pero no soy consciente de eso. Lo que sí me gusta es tener muchas sensaciones. Por ejemplo, hay puntos del espectáculo que siempre se ríen, no malamente (aunque a lo mejor también), porque el flamenco también es muy ácido, muy picante. Dentro de una sobriedad veo que tiene que estar a primer nivel el un toque de esa gracia, de ese humor irónico del flamenco. “Tengo la sensación de que no llego nunca a una meta, ni quiero llegar, la verdad” Hablando de sensaciones, te veo en el escenario como un personaje, aparte de bailaor. Cuando estás parado, cuando miras al infinito, cuando pones tus ojos o tus oídos en el cante, actúas. El personaje dramático siempre tiene acción, aunque no se mueva. En las coreografías que tengo hasta ahora los pasos son meros instrumentos para hacer el baile. Por muchos pasos bonitos o por mucha complejidad que tengan, se tiene que estar bailando desde el primer momento que salgo al escenario. Se tiene que estar bailando sin bailar, aunque eso es lo que pienso en este momento. Quizá cambie después. Pero por ahora, lo que me sale es eso, salir al escenario y estar bailando. Para mí hay mucho baile sin estar bailando. Hay incluso más baile que en los pasos. La gente que te mira con cierta ingenuidad (no metida de lleno en el flamenco) te aplaude. Los que te analizamos tu escritura desde perspectivas diferentes, te aplaudimos. Pero en medio hay un grueso de público, generalmente metido en el flamenco, que no sabe qué hacer cuando te ve. Sí. Esos públicos existen. Hay a quienes les gusta profundizar o tienen esa necesidad. También están quienes les gusta el flamenco, pero van con una mente limpia, con una conciencia limpia, no viciados. A estos, como en el cine, se les muestra una serie de imágenes que luego juzgarán si les parecen bien o mal. Y también está esa otra parte del medio. Dentro del flamenco hay mucho vicio. Bueno, hay de todos los vicios, pero me refiero en este caso a un encasillamiento, una inercia a repetir estructuras, de tal forma que romper moldes por un lado o por otro puede molestar. “Antes de meterme en el estudio con las botas tengo que tener claro qué no quiero hacer” Lo que para unos es una meta ¿para ti es un punto de partida? Yo tengo la sensación de partir siempre de cero. Cuando termino una cosa en la que he aprendido y sufrido muchos cambios dentro de mi cuerpo (cambios técnicos, no de evolución), tengo la sensación de que no llego nunca a una meta, ni quiero llegar, la verdad. Me gusta esa idea de empezar de cero porque me da libertad y es como si me limpiara. Aunque veo muy bien el baile como se hacía hace treinta años, lo que no me gusta es la sensación de tener esa meta, de saber que no podría seguir haciendo otras cosas; no me gusta saber lo que personal y artísticamente va a ser mi carrera o lo que voy a disfrutar bailando. Me asfixiaría tener una meta o un destino pronosticado. Mi meta es siempre empezar de cero. ¿Cómo construyes? ¿Tienes una idea primaria que desarrollas buscando los elementos necesarios o vas trabajando elementos hasta que llegas a una idea… o se junta un poco de todo? ¿Cómo es tu mecanismo creativo? Muchas veces haces una cosa y después te encuentras con otra, pero antes de ponerme las botas sí suelo tener un punto de referencia, aunque luego puede salir algo totalmente diferente. Tampoco me gusta la idea de “yo sé lo que voy a hacer”, sino que lo que intento tener claro es lo que no quiero hacer. Antes de meterme en el estudio con las botas tengo que tener claro qué no quiero hacer. ¿Qué maestros te han influido más? No me refiero al Aprendizaje De pasos o de técnicas, sino en meterte en el cuerpo tu filosofía, tu norte. Cuando más feliz he estado bailando es cuando me he encontrado yo, aunque en realidad no sé si me he encontrado. Pero mi padre me enseñó y después, de los maestros con los que he pasado y que seguramente me han marcado, con Mario Maya y Manuel Soler he pasado más tiempo y seguro que algo se me ha quedado. “Quizá se baile mejor sin ser consciente” ¿En qué momento artístico te encuentras? El año pasado hemos trabajado en dos espectáculos y ahora se trata de reflexionar sobre ello y trabajarlos. Creo que este momento es necesario, el momento de no hacer nada: sólo bailar lo que uno ha hecho, aunque siempre está aceptando la información que va viniendo. Pero ahora mismo no me encuentro en una situación forzada de crear algo. Me encuentro bien, en una madurez que espero que vaya a más… aunque quizá se baile mejor sin ser consciente. ¿Qué horizonte tienes? Trabajar con las ideas que me van viniendo y disfrutarlas. No quiero ser el artista que está continuamente dando la vuelta al mundo en un avión metido. Con salir de vez en cuando y bailar tengo bastante. Con tres funciones al mes voy bien. Y lo que no quiero es que el baile me aburra, que siempre esté con el espíritu fuerte y contento, que me sienta vivo en mi creación. ¿Tus obras siguen vivas? Siempre van cambiando. Hasta una que hice hace mucho tiempo, “Los zapatos rojos”, quiero retomarla un poco, al igual que “La metamorfosis”. Los años van pasando y pienso que los espectáculos se entienden después. Los haces y cuando pasan diez años dices ¡ostras, esto no era así, sino de esta forma! Si me aceptan interpretar coreografías ya hechas, pero con una nueva toma, lo haré. Las obras necesitan tiempo muerto. “Las obras necesitan tiempo muerto” ¿Qué encontramos en “Arena”? Es un espectáculo de baile musicalmente muy rico. Hay seis bailes y cada uno tiene un apartado musical diferente. Lo veo todo muy flamenco y muy jondo. Hay mucho trabajo ahí. Gustará o no, pero se nota que hay mucho trabajo. Está centrado en la tauromaquia, pero no se ve a un bailaor ser torero, sino que es un punto de vista más profundo. Lo he hecho porque pensaba que había un concepto dentro del toro y del baile que no se había tocado o que se había tocado superficialmente siempre con la filosofía torerista, mientras que yo he cogido la torista. Este espectáculo tiene muchos detales y conceptos del mundo de los toros, que es increíble. Es un universo muy complejo. Se dan cuenta quienes son muy aficionados al toro. Es un trabajo de fusión entre el baile, la música y el toro. Se te nota un profundo respeto al cante y a la guitarra… Y con el tiempo, cada vez más. Con el tiempo te das más cuenta de cosas que no te dabas antes. Creo que lo simple es lo más difícil y con un cantaor y una guitarra se pueden hacer una infinidad de cosas y llegar más lejos que con más elementos. Estudiando y buscando la forma de llevarlo a cabo de cambiar el concepto de los espectáculos, se pueden crear unas sensaciones que quizá no te permitan otros espectáculos de grandes presupuestos. Fuente De Flamenco.com
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